Armando Martí
La mayoría de los problemas que nos angustian hoy no están ocurriendo realmente. Están ocurriendo en nuestra imaginación.
El problema no es la IA. El problema aparece cuando comenzamos a reemplazar la introspección por velocidad, la contemplación por entretenimiento y la sabiduría por respuestas instantáneas.
La autenticidad no consiste en decir todo lo que sientes, como si el mundo fuese tu confesionario personal.
Nos volvimos expertos en funcionar, pero analfabetas en sentir. Y el cuerpo —que no es ingenuo— empieza a hablar.
Queremos saber todo, responder todo, lograr todo. Y mientras más intentamos abarcar el mundo, más se nos escapa la paz.
Desde la experiencia personal y terapéutica, hay una verdad que se vuelve evidente con los años: no se puede cuidar al otro sin haberse cuidado primero.
Esta cultura produce individuos hiperactivos y espiritualmente exhaustos. Mucha ansiedad, y movimiento, pero poca dirección.
El éxito ya no se disfruta, se administra. Se acumulan metas, pero no sensación de plenitud.
"La poesía es el lenguaje del alma porque no pretende explicar a Dios, sino dejarse tocar por Él".
Agradecer lo simple es detenerse. Es bajar la velocidad. Es mirar sin prisa. Es volver al cuerpo, al presente, al instante que está ocurriendo ahora mismo.
Cuando el año se va, escribir se convierte en una forma de detenerse, de mirar sin prisa lo vivido y de escuchar lo que el alma fue comprendiendo.