Hoy por hoy tenemos una ciudadanía que cada vez les exige más a sus líderes políticos, que quiere resultados y busca transparencia en la gestión de sus gobernantes. Atrás quedó esa sociedad despreocupada e indiferente para darle paso –por medio de la tecnología, los nuevos medios y las redes sociales- a una que alza su voz para obtener cambios. Este domingo tenemos, como colombianos, la responsabilidad de elegir a quienes consideramos nos representan idóneamente en nuestras regiones. Así que salgamos y depositemos ese voto de confianza para lograr las transformaciones que requieren nuestras comunidades. No nos dejemos llevar por odios, mezquindades ni polarización. Ejerzamos nuestro papel como ciudadanos y desde el lunes iniciemos el control político de quienes resulten electos.
Mañana los colombianos elegiremos alcaldes, gobernadores, diputados de las Asambleas Departamentales, concejales y miembros de las Juntas Administradoras Locales. Hay un poco más de 36 millones de ciudadanos habilitados para votar, de los cuales 1.678 son extranjeros residentes en nuestro país. Como medidas de seguridad, se cerrarán las fronteras terrestres y fluviales desde el jueves 24 hasta el domingo 27 a las 4:00 p.m. y se reforzará la presencia del Ejército Nacional con más de 60.000 militares, especialmente en 130 municipios que reportan alto riesgo de violencia electoral.
Desde el 27 de julio hasta el 21 de octubre de este año, la Misión de Observación Electoral contabilizó 108 víctimas de violencia electoral: 7 asesinatos, 12 atentados, 1 secuestro y 88 amenazas contra candidatos. Dichas amenazas surgen en contextos donde hay presencia de grupos armados ilegales, un alto grado de polarización entre los aspirantes y estigmatizaciones de un lado a otro. Ante esta situación, el Ministerio del Interior ha priorizado zonas como Barranquilla y Soledad (Atlántico), Mapiripán (Meta), Tibú (Norte de Santander), así como Arauca, Cauca, Bajo Cauca y Nariño. Otras autoridades nacionales y regionales han reforzado la seguridad para estas complejas elecciones que contrastan con las de Congreso del 2018, las cuales se distinguieron por ser unas de las más tranquilas en la historia reciente del país.
Este domingo, de nuevo, los ciudadanos tenemos el poder de elegir a los líderes que representarán a nuestra comunidad y tomarán decisiones que nos beneficiarán o perjudicarán a todos. Por supuesto, no es una decisión cualquiera y por ello la importancia de elegir a conciencia, pensando, discutiendo y decidiendo con mucho cuidado nuestro voto, sin dejarnos llevar por rumores, noticias falsas o presiones de cualquier tipo. Cuando un ciudadano elige a conciencia, sentirá mayor seguridad de reclamarle a su candidato el incumplimiento de las propuestas de campaña y estará en todo su derecho de monitorear constantemente su labor.
La democracia en América Latina y en el mundo ha sido atravesada por las nuevas herramientas tecnológicas que permiten a los ciudadanos participar activamente de todo el proceso electoral. Es decir, nuestro papel ya no se limita solamente a depositar un voto y esperar que las cosas cambien, sino que nos involucramos constantemente en una dinámica de trasformación en la que expresamos nuestro sentir. Hemos visto cómo, por ejemplo, los estudiantes en nuestro país han salido a las calles en distintas ocasiones a reclamar más recursos para la educación superior, lo que provocó recientemente que el Gobierno Nacional aumentara a $44,1 billones el presupuesto para este rubro, siendo el más alto de la historia en Colombia.
Alzar la voz y movilizarnos es un derecho que debe ser respetado. Desde mi labor legislativa lo he usado y ha sido efectivo para visibilizar problemáticas como los abusos de Electricaribe y los altos costos bancarios. En el caso de Electricaribe, junto a miles de usuarios cansados del mal servicio de energía en la costa, realizamos marchas en Barranquilla, Montería, Santa Marta, Cartagena y otras ciudades exigiendo la intervención y posterior liquidación de dicha empresa. Igualmente, en el 2016, en compañía de decenas de jóvenes, realizamos un plantón en la sede de Asobancaria en Bogotá pidiendo la reducción de los costos financieros, lo cual tuvo eco en algunos bancos que implementaron días después gratuidad en algunos de sus servicios.
Sin embargo, en contextos tan polarizados como el nuestro, donde hay un evidente desgaste político y un descontento ciudadano generalizado, las movilizaciones pacíficas pueden estallar fácilmente en confrontaciones violentas que dejan a su paso destrucción y muerte. Hemos visto las imágenes de estas últimas semanas en Ecuador y Chile donde, si bien los ciudadanos ejercieron su derecho a manifestar su descontento frente a medidas tomadas por los gobiernos, las revueltas terminaron en sangrientos enfrentamientos que, en el caso de Chile, no han parado. Luego de la quema de algunos vagones del metro de Santiago, en los últimos días se ha reportado la muerte de al menos 20 personas. En menos de tres semanas dos países de Latinoamérica declararon el estado de emergencia por la violencia desatada en sus calles.
Dichas protestas, por supuesto, tienen varias aristas que deben ser analizadas con lupa, pero ese no es el objetivo de esta columna. Mi llamado a los colombianos es a no dejarnos llenar de cólera ni volcarnos a replicar los disturbios ocurridos en los países vecinos. En momentos de agitación electoral, cuando estamos inmersos en una riña constante entre grupos políticos, podemos dejarnos llevar por la ira y luego arrepentirnos de nuestras acciones. Mi consejo es anteponer la sensatez, pensar con calma el voto, no dejarse presionar, asistir a las urnas y, una vez electos los candidatos, ejercer un control político organizado, libre, audaz, en donde podamos alzar nuestra voz de protesta sin dañar el bien público ni a los demás ciudadanos.
